VERA MENCHIK, LA VERDADERA BETH HARMON (II)

Biografía de Vera Menchik ajedrecista británica
Vera Menchik

Campeona mundial femenina

Menchik ya se había consolidado como la jugadora más fuerte del mundo. Ganó el primer Campeonato Mundial de Ajedrez Femenino, que tuvo lugar en julio de 1927 en Londres, con la impresionante puntuación + 10 = 1. Este logro fue un asunto relativamente discreto, y solo en noviembre de 1929 Menchik recibió una medalla de oro y una copa por su victoria. La copa, presentada por Lady Margaret Hamilton Russell, estaba destinada a la campeona mundial femenina. Fue la segunda de las famosas Copas Hamilton Russell; la primera todavía sirve como premio principal en cada Olimpiada.

El prestigio de los campeonatos mundiales femeninos y el nivel de juego aumentaron gradualmente en los años siguientes, pero Menchik siempre se mantuvo muy por encima de la competencia. Defendió con éxito su título en ocho ocasiones más, ganando la mayoría de ellos por amplio margen. En Folkestone 1933, Varsovia 1935 y Estocolmo 1937 arrasó, dos veces con una puntuación de 14/14 y una vez con 9/9. En total Menchik sumó en los campeonatos del mundo 91½ puntos de 99 posibles, perdiendo sólo tres partidas en doce años.

El único desafío serio a la supremacía de Menchik en el ajedrez femenino lo protagonizó la talentosa jugadora alemana Sonja Graf. Jugaron un match amistoso corto en 1934 y otro por el título del Campeonato del Mundo en 1937, con triunfo para Menchik en ambas ocasiones. Lo más cerca que estuvo Graf del título fue en el match del Campeonato Mundial de 1939, en el que participaron 19 jugadoras, donde la germana terminó dos puntos detrás de Menchik, pero solo después de perder una posición ganadora en su enfrentamiento directo con nuestra protagonista.

Aunque Menchik siguió jugando el Campeonato Mundial Femenino hasta el final de su vida, desde finales de la década de 1920 su enfoque principal fueron las competiciones masculinas.  En 1928 participó con éxito en algunos torneos en Inglaterra y obtuvo sus primeras victorias sobre maestros reconocidos. A finales de ese año pudo defenderse de los ingleses: obtuvo un 50% en Scarborough y un «+1» en el BCF Open de Tenby.

Su avance definitivo se produjo en 1929, cuando empató en el segundo puesto con Rubinstein en un torneo en Ramsgate, solo medio punto menos que el ganador, Capablanca, y por delante de su exentrenador Maróczy y otros maestros. Fue un evento jugado por sistema Scheveningen, en la que un equipo británico se enfrentó a los visitantes extranjeros. Menchik jugó con el equipo del resto del mundo y se vio las caras con los jugadores británicos, liderados por Sir George Thomas y Frederick Yates. La clasificación final en Ramsgate no deja lugar a dudas sobre el desarrollo del certamen: el ajedrecista británico con mayor puntuación, Thomas, sumó solo 3,5/7 y terminó en séptimo lugar en la general. Por supuesto, Menchik lo habría tenido más difícil si hubiese tenido que jugar contra Capablanca, Rubinstein y Maróczy en lugar de los maestros ingleses.  Sin embargo, su resultado fue impactante, y en virtud de su éxito recibió invitaciones a dos importantes torneos internacionales: un cerrado en París y Carlsbad 1929, quizá el torneo más fuerte desde el final de la I Guerra Mundial.

Su primer súper torneo

Carlsbad 1929 contó con una participación increíblemente fuerte: Capablanca, Rubinstein, Euwe, Nimzowitsch, Bogoljubov, Tartakower, Marshall, etc. Prácticamente todos los jugadores más poderosos del mundo, con la excepción de Alekhine y Lasker.  El torneo resultó ser el punto culminante de la carrera de Aron Nimzovitsch, que finalizó en primera posición con un impresionante registro: 15/21. Fue el primer súper torneo para Menchik y todos esperaban que concluyese como farolillo rojo de la prueba. La única pregunta era cuántos puntos podría sumar. Salo Flohr recordó la atmósfera de Carlsbad 1929 en un artículo que fue publicado en la revista soviética 64 varias décadas después (nº 4/1983):

Siempre hay muchos bocazas entre los jugadores de ajedrez. También hubo muchos de ellos en Carlsbad.  A los austriacos les gustan las bromas y el humor. Así, el ingenioso Hans Kmoch declaró imprudentemente antes de que comenzara el torneo: «¡Si Menchik anota más de tres puntos ingreso en el ballet femenino!». Menchik debió sentir pena por Kmoch, pues anotó exactamente tres puntos. Sin embargo, no perdonó a otro vienés, Albert Becker, que ahora tiene 86 años y vive en Buenos Aires.

Asistí al torneo como periodista. El ambiente era agradable. Muchos de los participantes se reunían después de las partidas en el Café Schützenhaus. Fue allí, tras la primera ronda, donde el sonriente profesor Becker hizo la siguiente propuesta: «Señores, tengo una gran idea. Sugiero formar un club con el nombre de Vera Menchik. Aquellos que logren perder una partida con ella se convertirán en miembros de pleno derecho del club. Quienes entablen solo serán considerados candidatos a membresía». En la tercera ronda Becker perdió ante la campeona mundial femenina. ¡Podéis imaginar las risas de la noche!  Alguien dijo: «¡Felicitaciones, profesor Becker!  ¡Por la presente queda elegido presidente del Vera Menchik Club!».

Alabanza de Alekhine

Al final, Menchik solo obtuvo 3/21 en Carlsbad, pero aún así su actuación se consideró un éxito. Alexander Alekhine, el cual publicó una serie de artículos sobre el torneo en The New York Times, escribió lo siguiente al final de la ronda 15:

Hasta ahora he suspendido el juicio final sobre la señorita Vera Menchik de Rusia, porque es necesaria la mayor precaución y objetividad en la crítica con respecto a alguien tan extraordinario. Sin embargo, después de quince partidas, es seguro que constituye una excepción absoluta en su sexo. Tiene tanto talento para el ajedrez que con más trabajo y experiencia en los torneos seguramente tendrá éxito en evolucionar y convertirse en una campeona internacional de alto nivel.

Indiscutiblemente ha logrado sus tres puntos frente a los maestros fuertes, pero el público desconoce que también ha alcanzado posiciones superiores frente a Euwe, Treybal, Colle y el Dr. Vidmar.  El Dr. Vidmar le ganó solo después de un encuentro de nueve horas.  Es el deber del mundo del ajedrez brindarle todas las posibilidades de desarrollo.

Se escuchó la petición de Alekhine, por entonces campeón mundial, y Menchik continuó recibiendo invitaciones a los eventos masculinos.  En su siguiente torneo, Barcelona 1929, logró 7 puntos en 14 partidas, asegurándose el último de los ocho premios. Fue la primera vez que una mujer ganaba un premio en un torneo masculino de nivel maestro.

Durante los siguientes quince años Menchik jugó docenas de torneos con hombres. Por lo general, finalizaba en la mitad inferior de la tabla en aquellos torneos más fuertes (Hastings, Margate, …), pero casi siempre con algunas victorias sobre maestros y, a veces, uno o dos grandes maestros. Por ejemplo, derrotó a Euwe  y Mir Sultan Khan en Hastings 1931/32.

Sin embargo, en los torneos de segundo nivel Menchik solía terminar en lo más alto. Se impuso por primera vez en el Gran Abierto de la Federación Británica de Ajedrez en 1931, invicta, terminando por delante de varios maestros, como Broadbent, Znosko-Borovsky y Golombek. Al año siguiente estuvo a punto de ganar el Major Open, pero esta vez terminó en segundo lugar porque George Koltanowski la superó con 9½ puntos.

A diferencia de la heroína ficticia de «The Queen’s Gambit» Menchik nunca llegó al nivel de los mejores grandes maestros de la época. Perdió habitualmente frente a los jugadores más fuertes. Por ejemplo, Menchik solo consiguió tres tablas en Moscú 1935, perdiendo las otras 16 partidas. Sin embargo, su empate con Salo Flohr fue determinante en la suerte del torneo, ya que Flohr no logró asegurar un primer premio en solitario y debió compartirlo con Botvinnik.

Los resultados de Menchik podrían haber sido mejores, pero le penalizó cierta debilidad crónica en las tácticas. Podía cometer cualquier error con cualquiera… pero no era la única. De hecho, esa era la principal diferencia entre los maestros de clase mundial, también llamados grandes maestros (la élite), y los simples maestros en los años anteriores a la guerra: los primeros eran más consistentes, mientras que los simples maestros eran propensos a ataques de ceguera táctica.

Los errores propios fueron el principal motivo que explica la horrible puntuación de Menchik contra los mejores grandes maestros (0/9 contra Capablanca, 0/8 contra Alekhine y 1½ / 10 con Flohr). Sin embargo, lo hizo mucho mejor contra los principales maestros británicos y, a menudo, terminó por encima de ellos en los torneos. Estos resultados probablemente le habrían servido a Menchik para obtener el título de Maestra Internacional, pero murió antes de 1950, que fue cuando la FIDE otorgó por primera vez los títulos oficiales de GM y MI.

Extranjera en Gran Bretaña

A pesar de vivir en Inglaterra durante muchos años Menchik fue considerada extranjera hasta finales de la década de 1930 y, por lo tanto, no era elegible para las competiciones nacionales. De hecho, la ciudadanía de Menchik le trajo complicaciones durante la mayor parte de su vida. Cuando ganó su primer título de campeona mundial los periódicos británicos se refirieron a ella como una «refugiada rusa». En la cita de 1929 antes mencionada Alekhine se refirió a ella como rusa, aunque en la mayoría de los torneos ya figuraba como checoslovaca, el país de origen de su padre. Menchik incluso jugó dos campeonatos masculinos de Checoslovaquia, los de 1933 y 1936.

Vera Menchik finalmente se convirtió en ciudadana británica después de casarse con Rufus H.S.  Stevenson en 1937. Su esposo, que se casó en segundas nupcias, era 28 años mayor que ella y estaba profundamente involucrado en el ajedrez. Como curiosidad indicar que su primera esposa, Agnes Stevenson, también era ajedrecista y participó en tres campeonatos femeninos. Perdíó la vida en un macabro incidente camino a su cuarta participación en un Campeonato del Mundo, al chocar contra la hélice de un avión en el aeropuerto de Poznan.

Su matrimonio duró solo unos años, ya que el Sr. Stevenson sufría de mala salud y murió en 1943. Durante ese tiempo fueron felices, y Vera se sintió profundamente angustiada después de la muerte de su esposo. Por desgracia sobrevivió a su esposo menos de un año. Y es que el 26 de junio de 1944, un misil a distancia V-1, lanzado por los alemanes, impactó en la casa de Londres donde Vera vivía junto con su madre y hermana, matando instantáneamente a las tres.

A raíz de su muerte, las revistas de ajedrez en Gran Bretaña y todo el mundo publicaron obituarios y artículos sobre Vera Menchik. Sin embargo, no fue ni la primera ni la última campeona mundial en morir durante la II Guerra Mundial o inmediatamente después de la contienda bélica —Lasker, Capablanca y Alekhine fallecieron en la década de 1940—, por lo que el nombre de Menchik desapareció rápidamente de la memoria pública.

Cabría esperar que se escribiesen numerosos artículos y libros sobre su persona, pero lamentablemente no fue así. La primera gran biografía de Menchik fue publicada en 1957, y su autoría correspondió a otra campeona mundial femenina, Elisaveta Bykova (escrita en ruso). Durante casi 60 años fue el único libro sobre Vera Menchik, hasta que en 2016, aparecieron dos biografías diferentes, una de Robert B. Tanner, publicada por la editorial McFarland & Company, Inc. (en inglés), y la otra de Jan Kalendovský (en checo). Uno no puede evitar preguntarse por qué se ha escrito tan poco sobre la mejor jugadora de la primera mitad del siglo XX.

Creo que Menchik todavía sufre una percepción sesgada, que se remonta a la década de 1930 y la reacción inicial a sus actuaciones en los torneos masculinos.  En un momento en que las mujeres todavía eran despreciadas en gran medida y ni siquiera tenían derecho a voto en muchos países, la irrupción de una fuerte jugadora de ajedrez desafió el status quo. No es de extrañar que la prensa tratara la participación de Menchik en los torneos masculinos como una sensación.

En la década de 1930, la mayoría de los hombres eran felices restando importancia a los éxitos de Menchik y riéndose de sus fracasos. El estilo de Menchik era habitualmente tildado de «aburrido». Sus victorias sobre los famosos grandes maestros siempre aparecían en los diarios de ajedrez, pero pocas de sus partidas contra mortales menores lo hicieron. Y, por supuesto, toda la idea del «Menchik Club» es intrínsecamente sexista y degradante.  A nadie se le ocurrió sugerir fundar un «Club Sir George Thomas«, a pesar de que Vera Menchik tenía un score muy favorable contra este maestro británico. Incluso las mujeres se unían a veces para ridiculizar a Menchik, quizás sin saberlo.  Hay una historia que se cuenta a menudo de que después de la segunda derrota de Euwe ante Menchik la esposa de aquel se acercó a la sala del torneo para comprobar que las derrotas de su marido no tenían un componente amoroso.

Tampoco ayudó que Menchik fuese considerada extranjera en todos los países con los que tenía conexión.  Gran Bretaña nunca la aceptó del todo porque no nació allí; no podía hablar checo a pesar de representar a ese país en los torneos, y no era rusa, pese a hablar el idioma desde que nació. Menchik no pertenecía a ningún lugar al que fuera.  Ella era la máxima forastera y esa es en gran parte la razón por la que ningún país la defendió, ni siquiera póstumamente.

Todas estas circunstancias conspiraron para convertir a Menchik en un blanco constante de desprecio y burla, que resistió estoicamente gracias a su temperamento tranquilo y reservado. Sin embargo, seguro que afectaron en el ánimo de la campeona. Nunca sabremos qué precio tuvo que pagar y qué podría haber logrado si no hubiese tenido que soportar semejantes indignidades. Las desventajas adicionales que Menchik tuvo que superar rara vez se mencionan, pero hacen que sus logros sean aún más impresionantes.

Vera allanó el camino para las mujeres en el ajedrez, y lo hizo en un momento en que era casi imposible.  Lamentablemente, su aspiración de que las mujeres jueguen al ajedrez al nivel de los hombres aún no se ha hecho realidad, y es por eso que las lecciones de la vida y las partidas de Vera Menchik siguen siendo tan relevantes hoy como lo fueron hace más de siete décadas.

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