Pepe Cuenca: “El ajedrez triunfaría en televisión” (Jorge Aguadero – PDR 146)

(Sebastián Arias)

Es difícil encontrar un aficionado al ajedrez, en el mundo hispano, que no esté familiarizado con la figura de Pepe Cuenca (Granada, 1987). El Gran Maestro, cuyo estilo dinámico y desenfadado es uno de los puntales de la plataforma Chess24, está contribuyendo a la popularización del juego-ciencia de forma sobresaliente. Los puristas se rasgan las vestiduras cuando exclama el “¡Ra-ta-ta-ta-ta!”, que le caracteriza; las nuevas generaciones, más irreverentes, se han sumado a su fiesta del trebejo.

Cuando llegaste a Chess24, ¿tenías alguna experiencia previa en medios de comunicación?

Para nada. Entré completamente por casualidad. Había terminado la carrera de Ingeniería de Caminos, hice un máster de modelización de Matemáticas en Ingeniería Erasmus Mundus y, de ahí, me contrataron como profesor e investigador en la Facultad de Matemáticas de la Universidad de Hamburgo, para hacer el doctorado.

¿Y entonces? ¿Qué llevó al académico al mundo de los micrófonos?

Sería 2013 o 2014 cuando, un día, vino a visitarme uno de mis mejores amigos, el MI Lawrence Trent, quien me dijo que iba a grabar unos vídeos para una empresa de ajedrez, Chess24. A mí aquello me parecía curioso… «¿Quién va a ver unos vídeos de ajedrez?», me decía. Recuerdo que me presentó a uno de los jefes, Rustam Kasimdzhanov, el excampeón mundial, al que le caí bien, y me empezaron a contratar.

Te liaste la manta a la cabeza…

Pues sí. Después de mis ocho horas en la universidad me iba allí. Al principio empecé como traductor de noticias y poniendo ejercicios a vídeos que hacían otros autores. Yo, por aquel entonces, era Maestro Internacional. Luego, me dieron la oportunidad de probarme como comentarista. Como verás, no tenía ninguna relación con el periodismo, pero las cosas se dieron así, totalmente por casualidad.

¿De dónde sacaste el mote “Almendrado” Carlsen?

Bueno, es que el Magnum es uno de mis helados favoritos. Y de ahí a “Magnus”… Tampoco es muy sofisticado.

¿En qué momento crees que se disparó tu popularidad? ¿Cuándo se convirtieron vuestras retransmisiones de ajedrez en un fenómeno mediático?

Al principio, como cualquier empresa, empezamos desde cero. Nuestros seguidores eran mi madre, la madre de Divis y algún perro mirando, pero el mundial Carlsen vs. Kariakin lo cambió todo para nosotros. Ahí tuvimos mucho seguimiento. Es verdad que la página va creciendo gradualmente, pero son los grandes eventos los que incrementan mucho el número de seguidores. Piensa que hay bastante gente que a lo largo de la temporada no ve ajedrez pero que, cuando llegan los grandes eventos, los sigue.

¿Cómo llevas la popularidad?

Muy bien, la verdad es que es reconfortante. Ves que la gente se lo pasa bien. Por supuesto, también hay gente a la que no le gustamos, pero no puedes pretender gustar a todo el mundo. Hay muchos puristas que consideran que el ajedrez es un deporte muy serio, que no se puede uno reír con ello. ¡Pero nosotros creemos precisamente todo lo contrario! Creemos que es un deporte muy emocionante y que hay que tratar de mostrar esa faceta. Es un deporte en el que todo puede cambiar en cuestión de segundos, sobre todo en las partidas blitz, tan emocionantes.

¿Sabes? Me he tragado horas de snooker, que me gusta mucho, de curling, que es la petanca de hockey sobre hielo, y uno piensa: «Si esto se puede poner en la televisión, ¿por qué no se va a poder poner un torneo de blitz, que dura unos siete minutos por partida?». Estoy seguro de que si se le diese una oportunidad el ajedrez triunfaría en televisión.

Pero lo que quería saber es cómo llevas, a nivel personal, el entrar en una sala de ajedrez y que, al ser una persona muy conocida a nivel de calle, la gente espere que muestres siempre tu mejor cara, cuando no todos los días son igual de buenos.

Es lo mínimo que podemos hacer, tratar bien a la gente que nos sigue y que nos apoya. Creo que no hay nada más bonito que el que la gente valore tu trabajo. Por eso, siempre estoy dispuesto a hablar con todo el mundo y a sacarme las fotos que haga falta. Y es que no somos nadie, Jorge. Somos ajedrecistas, estamos moviendo piezas de madera; no somos cirujanos, salvándole la vida a alguien. Así que lo último que podemos hacer es considerarnos alguien importante.

¿Alguien se ha molestado con vuestras retransmisiones, que tú sepas?

Pues fíjate, muy pocos. Es verdad que se trata de un trabajo en el que estás expuesto constantemente ante el público y que si dices algo desafortunado va a quedar ahí para siempre. Hay que tener mucho cuidado, no suelo tocar temas de política ni de religión, porque puedes hacer daño, hay gente que se enciende por todo. Por supuesto que hay alguno que me dice «oye, no me gusta tu estilo» o «no creo que debas comentar el ajedrez así», pero, que se enfaden, que se enfaden de verdad, no me ha pasado. En general, han sido buenas experiencias.

Llevas dos ocasiones consecutivas acariciando el Campeonato de España. Lo hablé con otro Gran Maestro y me dijo que, desde su punto de vista, algo falla en tu preparación cuando, siendo tu línea muy ascendente en torneos de esta envergadura, fallas en la última ronda. ¿Crees que esto puede ser así?

Pues, fíjate; ha sido en tres ocasiones porque, hace tres años, si ganaba a Iván Salgado en la última ronda también habría sido campeón y me acabó ganando…

He de decir que los rivales que tengo en esas últimas rondas —Candelario, Salgado y Espinosa— son muy fuertes  Las tres veces han sido con blancas, eso sí, y puede ser que exista algo psicológico. También es verdad que llego a esa situación de poder ser campeón cuando no es normal, porque hay jugadores mucho más fuertes que yo. Pero, puede ser… Cuando estoy jugando la partida trato de olvidarme de esas cosas, pero soy una persona bastante nerviosa y eso me influye. No soy como Antón quien, jugándose el pase al Candidatos, no se pone nervioso en ningún momento. ¡A mí sí me influyen mucho los nervios!

¿Recuerdas las sensaciones de esas partidas?

Con Candelario fue una partida muy tensa, en la que llegamos a un final de alfiles muy complicado. Tenía un minuto en el reloj y me acabé equivocando. De la que me acuerdo más es de la de Espinosa, pues tenía una posición totalmente ganada, pero no vi un golpe táctico de poca complejidad. Aunque, de nuevo, tenía poco tiempo. Sí, puede ser un tema psicológico. Ya me pasó en el Campeonato de España Universitario, que nunca lo gané cuando llegué a liderarlo en la última ronda en tres o cuatro ocasiones.

¿Qué le dirías a un político, de los que tienen capacidad de decisión, para que el ajedrez tuviera más peso en las escuelas?

Tenemos que tener la suerte de que haya políticos que sean aficionados. Por ejemplo, en Argentina, el gobernador de la provincia de San Luis, Alberto Rodríguez, hace importantes inversiones en el ajedrez y, además, consigue un fuerte retorno. El ajedrez es muy positivo, trae muchas cosas ventajosas que se cuentan por sí solas.

Teniendo presente tu formidable trayectoria académica, ¿crees que el ajedrez te haya favorecido para ello?

No me gusta decir que el ajedrez es la panacea universal y que, si juegas al ajedrez desde niño, te vas a convertir en ingeniero de la NASA, pero sí que te ayuda a resolver problemas, a enfrentarte a nuevas situaciones, a nuevos retos, … y a encontrar soluciones. Mi formación ha sido de ciencias, muy análoga a una partida de ajedrez. Defino mi doctorado, estando solo ante el peligro, como una partida: los supervisores pasan de ti y tú tienes que crear algo nuevo sin la ayuda de nadie. En eso, el ajedrez es muy útil, te ayuda a sentir constantemente el peligro y a buscar soluciones. Por eso, no digo que sacase mejores notas gracias al ajedrez, pero tengo claro que me ayudó.

Hace poco tiempo estuviste viviendo en Australia, ¿verdad?

No, nunca he vivido en Australia, pero me gustaría. He vivido seis meses en Italia, estudiando. Otros seis en Polonia, también estudiando. Y, luego, un año estudiando en Alemania y tres más como profesor en la universidad.

Tenías unas expectativas académicas altas, mas ahora trabajas haciendo radio. ¿Tienes aparcado definitivamente el ámbito de la investigación o te planteas retomarlo?

Para mí el ajedrez siempre fue un hobby. Hice mi carrera, luego quise trabajar de ingeniero… La verdad es que esta es una situación curiosa, pues ahora dedico el 90% de mi tiempo al ajedrez.

Como comentarista, viajando, haciendo exhibiciones…

Eso es. Pero no quiero abandonar la ingeniería. Trato de hacer algunas cosillas: participo en proyectos, escribo algún artículo cada dos o tres meses, etc., para no oxidarme. Así, si algún día lo que hago en Chess24 dejase de funcionar o me aburriese, podría volver a lo mío, que también me gusta mucho.

¿Quién te enseñó?

Mi padre, con cuatro o cinco años. Era un niño muy hiperactivo; estaba apuntado a todas las actividades extraescolares del colegio —fútbol, tenis, ajedrez…—, pero gané el Campeonato de España Sub-14 y me quedé definitivamente enganchado al ajedrez.

Tu estilo como comentarista, muy desenfadado, se inspira en las retransmisiones de la NBA del gran Andrés “el Negro” Montes, ya fallecido, incorporando cosas nuevas, ¿cierto?

Sí, desde luego. El “¡Ra-ta-tata-ta!” es un homenaje a él, de cuando alguien metía un triple o hacía un gran mate. Creo que en el ajedrez queda muy bien a la hora de hacer un jaque mate o una combinación tremenda. Yo le admiraba mucho, me he tragado partidos de la NBA enteros solo porque estaba Andrés Montes. Pero, como dices, también hay muchas cosas nuevas. Simplemente, tratamos de ser naturales, de improvisar, de no planear absolutamente nada: hay algunas expresiones que gustan y se quedan; otras, no. Como la lengua, va evolucionando.

¿Cómo lo hace Divis para aguantarte?

Sí, Divis es mucho más serio, pero creo que hace falta ese balance entre alguien más serio, más técnico, y alguien más alocado. Nuestra clave es que somos muy buenos amigos: no le conocía antes de entrar en Chess24 —habíamos jugado un par de partidas en torneos, aunque no teníamos especial amistad—, pero, pasando juntos tantas horas y llevándonos tan bien, nos hemos hecho muy amigos. Eso se nota en el trabajo, no sería lo mismo con alguien con quien no tuviera buen feeling.

Si te diesen un millón de euros para apoyar la carrera de un ajedrecista, pensando en conseguir el título mundial, ¿en quién los invertirías?

¡Vaya pregunta! Lo invertiría… Creo que la clave para desarrollarse como ajedrecista es jugar mucho y, en España,

somos sede de muchos torneos. Especialmente en Cataluña, donde tenéis la suerte de contar, cada semana, con un torneo Internacional durante el verano. Así, usaría una buena cantidad del dinero en viajes para jugar torneos y en buenos entrenadores. Pero, al final, lo más importante es la voluntad de uno mismo.

Al llegar a un cierto nivel (2500-2600) es importante que el jugador tenga un entrenador, un seguimiento y un apoyo, pero el trabajo propio es lo realmente determinante.

¿Te estás escapando de la pregunta?

Pero, ¿de los jugadores jóvenes o de los que ya están en la élite?

Candidato actual a tumbar a Magnus Carlsen.

Hombre… a mí me gusta mucho Ding Liren. Y también me gusta mucho su personalidad; es un hombre humilde. Es uno de los firmes candidatos a ganar a Carlsen. Ding es un genio total. Es como una roca, mentalmente, no le cambia la cara pase lo que pase. Por supuesto, en un Candidatos entran en juego muchos factores y hay que tener suerte para ganarlo pero, si tuviese que quedarme con un “gallo”, me quedaría con Ding Liren.

La mayoría de los otros expertos a los que había consultado coincidía con Pepe. Sin embargo, cuando llegó el Candidatos, al genial jugador chino pareció pasarle factura el doble período de confinamiento con el que se presentó en la cita de Ekaterimburgo: primero unos meses en su nación y después, como medida de seguridad, en Rusia. Acumuló, mientras se jugó el Candidatos hasta la finalización abrupta del torneo, más derrotas que en toda la temporada. El desgaste psicológico era evidente. Y, si a una persona tan fuerte se le quebraba el ánimo, ¿cómo reaccionaría el planeta entero tras la crisis sanitaria?

¿Qué cualidades admiras en un ajedrecista?

Sobre todo, las ganas de ir a ganar. Eso se lo he visto a Magnus Carlsen y… a nadie tanto como a él. Valoro mucho, en los ajedrecistas, la capacidad competitiva. Hace tiempo teníamos el problema de que, en los torneos de élite, se firmaban muchas tablas muy rápido. Y, en esto, si Magnus te tiene una inapreciable ventaja, es capaz de tenerte jugando hasta mañana.

En lo que a mí respecta, cuando he dado clases siempre he tratado de inculcar a mis alumnos que, aunque estén jugando con un rival superior, si tienen posición ventajosa no ofrezcan tablas. Si se pierde, no pasa nada. A la larga, te va a venir mejor.

Salvando las distancias, ¿qué crees que le falta a España para volver a tener un supertorneo?

Lo de siempre, el dinero. Un patrocinador, un Rex Sinquefield. Mira, Jorge, he tenido la suerte de trabajar en un par de ocasiones en Estados Unidos y allí es menos complicado encontrar un mecenas. O un consorcio de empresas. En este caso, al que le guste el ajedrez, consciente de que no suele haber mucho retorno económico.

Pero lo más importante está aquí: la afición. En España la afición está. Lo podemos ver, creo que la ciudad que más sigue Chess24 en el mundo es Madrid. Más que Londres, más que Berlín. Lo notamos, igualmente, en la calle, con los comentarios de los aficionados. Si Carlsen juega un torneo, en Madrid o en Barcelona, por ejemplo, la sala se va a llenar de aficionados. Saint Louis (EE.UU.) es el caso opuesto: tienen el dinero pero hay muchos menos aficionados. Ves a Kasparov jugando y hay, por ejemplo, solo cinco personas mirando. ¿Te imaginas lo que sería, en Barcelona, disfrutar de un Kasparov-Carlsen? ¡No cabría la gente!

Sobre Kasparov, precisamente… Cuando participó en aquellas rápidas de Saint Louis, al mismo tiempo se estaba jugando un supertorneo de la FIDE, clasificatorio para el Candidatos… Resulta que el torneo oficial pasó inadvertido en las redes sociales y que, en cambio, el ancho de banda no fue suficiente para dar respuesta al seguimiento masivo del público que, en todo el mundo, siguió a Kasparov, con continuas caídas del servidor porque no daba abasto. ¿Qué sentido le damos a eso?

Coincidía con un Grand Prix. Creo que, con esos torneos, la FIDE comete un gran error. No puede ser que, jugándose plazas para el Candidatos, no los siga nadie. Mi opinión es que, en lugar de hacer cuatro torneos que pasan inadvertidos, deberían realizar solo uno, que seguiría todo el mundo. Además de que, como han hecho ese formato de eliminatoria, los jugadores deciden no luchar para ir a los desempates, con la consiguiente pérdida de espectadores para el torneo.

¿Coincides con los analistas que se quejan del exceso de tablas?

A mí las tablas no me molestan. El match entre Carlsen y Caruana, por ejemplo, me pareció impresionante, aunque la gente se quejara tanto. Fueron doce partidas muy luchadas, ¡con cinco o seis agresivas Defensas Sicilianas en un Mundial! Eso indica las ganas que ambos tenían de ganar, con los dos entrando al trapo. Entonces, ¿qué más da que al final fuesen tablas? Prefiero que haya doce tablas luchadísimas a que haya dos victorias y diez tablas sin jugar, la verdad.

¿Qué opinión te merece la “tolerancia cero” para que las partidas comiencen puntualmente?

Depende. Es verdad que, para ser serio, me parece razonable. No me imagino otros eventos deportivos comenzando media hora tarde, pero también hay que ponerse en contexto de lo que se está haciendo: si se está jugando, en un nivel no tan profesional, en Ciudad de Guatemala, por ejemplo, donde hay mucho tráfico, hay que tener flexibilidad para que la gente llegue, ¿verdad? Otra cosa, desde luego, es un Campeonato del Mundo.

¿Y con respecto al código de vestimenta para los jugadores?

Es una cuestión interesante. Entiendo que no es apropiado llegar en bañador y chanclas a un Mundial, pero tampoco soy partidario de que el jugador tenga que ir en traje. Si va en vaqueros y camisa, mientras sea presentable, bienvenido sea.

Me gustaría saber más sobre ti, Pepe. ¿Qué te gusta leer?

¡De todo! Aunque me entusiasma, sobre todo, la novela histórica. “Águilas y cuervos”, “El samurái”, “El puente de Alcántara”, … Me han hecho, entre otras, disfrutar mucho.

En tu grupo de amistades, ¿abundan más los ajedrecistas, los ingenieros o tus amigos de la infancia?

Tengo todos esos grupos de amigos. Los del barrio de La Chana, los del ajedrez granadino, muy compacto, los de la universidad, los de la maestría Erasmus, … Cuando sales a vivir fuera de casa haces vínculos muy fuertes con gente de países muy lejanos. ¡Es muy divertido!

Pepe, el día que no estés aquí, ¿con qué música tendremos que despedirte?

Veamos… Me encanta la música clásica para trabajar; el rock, en general; la latina, para bailar—bachata, salsa…—. Cuando me muera poned hip hop en español por mí. Eso es cultura urbana, para recordarme de niño.

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