ERRORES PSICOLÓGICOS EN AJEDREZ

ERRORES  PSICOLÓGICOS  EN  AJEDREZ  (I)  (MI Luis Fdez. Siles)
 (Sebastián Arias)

Normalmente asociamos nuestras derrotas a malas jugadas, planes erróneos o descuidos inesperados, sin llegar al fondo de la cuestión: ¿qué provoca nuestros errores? Es fácil acabar pensando que los culpables son mi falta de práctica o mi bajo nivel, pero es quedarse en lo superficial. En este artículo vamos a tratar de analizar las razones que en muchos casos nos llevan a tomar decisiones erróneas.

Básicamente destacaría dos estados que no suelen favorecer la toma correcta de decisiones: Exceso de confianza y falta de confianza

Ambas son cuestiones puramente psicológicas que nos hacen perder la objetividad. Tan peligrosa es una como la otra. Paradójicamente, a veces estados anímicos opuestos nos llevan a cometer el mismo tipo de errores. Lo entenderemos mejor más adelante.

Exceso de confianza

Nos aleja de la realidad haciéndonos creer que nosotros somos más fuertes de lo que realmente somos o que nuestros rivales son inferiores a lo que realmente son. Cualquier pérdida de la objetividad, sea en la dirección que sea, no es positiva. Algunos de los errores típicos que se producen por el exceso de confianza son:

Jugar cualquier apertura, aunque no la conozcamos; plantear gambitos dudosos o buscar celadas para acabar rápido; jugar muy rápido; falta de concentración; no preparar las partidas durante la competición; tratar de forzar posiciones de tablas por no conformarse con el empate. Veamos con detalle cada punto.

a) Jugar cualquier apertura

«¿Para qué voy a utilizar mi repertorio habitual cuando soy capaz de ganar con cualquier cosa?». Esta parece ser la consigna que lleva a algunos a alejarse de su repertorio de aperturas habitual y jugar líneas de aperturas que no conocen. Entiendo que cuando toman una decisión así prefieren no mostrar sus aperturas, como si al hacerlo las «malgastaran» contra un rival inferior y otros oponentes más fuertes pudieran tomar nota y prepararse contra ellas en el futuro.

Sin embargo, entrar en variantes desconocidas puede tener dos grandes problemas. Por una parte andaremos «a ciegas» por un terreno desconocido que podría esconder algunas sorpresas desagradables. Por otro lado, nuestro rival podría conocer bien ese territorio en el que nos adentramos para evitar las posiciones que conocemos.

A veces puede salir bien, pero no es una opción especialmente recomendable.

b) Jugar gambitos dudosos y buscar trucos de aperturas poco recomendables

El exceso de confianza puede llevar a buscar una victoria muy rápida, casi inmediata. No solo quieres ganar, sino que además quieres hacerlo rápido. No buscas un triunfo elaborado, sino un mate fugaz. Así que nada mejor que algún gambito dudoso que contenga más de un truco en el que nuestro rival pueda caer. En esos momentos no valoras los riesgos que vas a correr. Tal vez eres consciente de que con juego correcto tu oponente podría alcanzar una posición mejor o incluso ganada… pero ves esa posibilidad tan lejana, que no quieres tenerla en cuenta.

El problema de muchos gambitos es que o bien contienen una refutación clara que nuestro rival podría conocer, o al menos tienen algún camino con el que nuestro oponente puede alcanzar una mejor posición. ¿Realmente es recomendable correr ese riesgo?

c) Jugar muy rápido

Del mismo modo en que algunos buscan una victoria rápida a base de gambitos dudosos o buscando trucos y celadas no demasiado buenos, otros sencillamente juegan a toda velocidad para acabar cuanto antes. Sienten que la partida es un mero trámite, así que… ¿para qué esforzarse?

No hace falta jurar que de este modo tenemos muchas más probabilidades de cometer errores y que la competición en ajedrez debe estar ligada a un esfuerzo deportivo que nos lleve hacia las mejores jugadas posibles.

Está claro que nunca estamos a salvo de cometer errores, pero caer en ellos por evitar el esfuerzo y no gastar tiempo es casi ridículo.

d) Falta de concentración

En los torneos es habitual ver cómo los jugadores se levantan a relajarse un poco cuando el adversario está pensando. Parece normal hacer esto de vez en cuando, pero a veces observamos que hay jugadores que se pasan prácticamente toda la partida levantados. No suele ser una señal de concentración.

Esto tiene mucho que ver con el punto anterior. Lo que ocurre es que algunos no solamente juegan rápido, como veíamos antes, sino que ni tan siquiera están 100% concentrados en su partida. Se levantan continuamente, parecen estar más pendientes de otras partidas que se disputan en el torneo que de la suya propia, aprovechan cualquier ocasión para prestar atención a cualquier cosa…

Curiosamente, cuando esta actitud los lleva a cometer un gran error, se sientan, se concentran, gastan mucho tiempo en buscar soluciones…

e) No preparar las partidas durante la competición

El jugador de torneos debe entender por qué el ajedrez es un deporte. La energía que se gasta durante la competición es enorme. El esfuerzo de un verdadero deportista no se limita a la partida. Un buen deportista prepara las partidas, trabajando sobre las aperturas de su rival, si las conoce, antes de la partida o analizando las partidas disputadas una vez que terminan, para aprender de los errores cometidos.

Algunos preparan solo cuando se tienen que enfrentar a rivales fuertes lo que puede facilitar que nuestros no tan temidos rivales nos den más de una sorpresa…

f) Forzar posiciones de tablas

El exceso de confianza puede provocar que no nos conformemos con el empate en situaciones en donde sería lo más recomendable. No hablo de aceptar o no una oferta de tablas sino de tratar de forzar una posición claramente de tablas asumiendo grandes riesgos que nos pueden llevar a la derrota.

Lo más profesional en ajedrez es realizar siempre la que consideremos la mejor jugada. Las jugadas especulativas que solo pueden tener éxito ante un error de bulto de nuestro rival no suelen ser una buena estrategia.

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