Ding Liren: El resultado solo tiene una importancia relativa (Jorge Aguadero – PDR 137)

(Sebastián Arias)

Ding Liren es un gran desconocido para los aficionados occidentales, pues su inglés es poco fluido y da la impresión de ser un hombre inaccesible. Pero, en las distancias cortas, demuestra ser un amable conversador. Sus sonrisas, al principio tímidas, se fueron expandiendo conforme ganaba confianza.

Maestro, mi inglés no es muy bueno, pero me gustaría entrevistarte.

Yo tampoco lo hablo bien, pero es la única lengua extranjera en la que me desenvuelvo. Podemos intentarlo.

Pues a ver cómo nos entendemos, porque hace un par de años tuve el placer de conversar con Yi Wei y él tampoco tenía un buen inglés.

El mío es un poco mejor que el suyo—, sonrió con timidez en lo que fue nuestro primer momento de complicidad.

¿Cómo llevas el hecho de ser el primer chino que supera la barrera de los 2.800?

Ahora voy a tomarme un descanso, quiero tener tiempo para mí mismo—, me contestó con franqueza.

¿Cuáles fueron tus sentimientos siendo campeón de China a los dieciséis años?

La primera vez que gané el campeonato, en 2009, yo no era muy fuerte. Tenía rivales que sí lo eran, por lo que me sentí gratamente sorprendido por el éxito conseguido —la modestia del talentoso joven se ganó mi simpatía—. Ten en cuenta que mi elo rondaba los 2438, por lo que no estaba entre los favoritos para ganar. Pero mi ajedrez era bueno en mi pensamiento. Jugué algunas partidas arriesgando mucho, con bonitos sacrificios de material. Esto me dio mucha autoconfianza para afrontar el torneo.

Tu forma de jugar al ajedrez te hace muy popular. El arriesgado estilo combinativo es muy apreciado por los aficionados. ¿Cómo gestionas la presión de poder cometer un error de cálculo en posiciones tan complejas?

Intento tenerlo todo bajo control, por supuesto. Lo intento. Sí, incluso cuando hago un sacrificio trato de calcular lo más profundo posible. Pero a veces… —la voz del maestro se quebró por un momento—. A veces tomamos riesgos en esa clase de posiciones en las que no puede encontrarse todo.

Ahí fue cuando me topé con el Ding Liren más humano. Tienen mi palabra de que, pese a mi corta carrera como redactor, ya había visto escenas ajedrecísticas impactantes. Pero Liren alzó la vista un instante, como buscando consuelo en los cielos, y acto seguido se dejó caer sobre la mesa, la cabeza oculta por los brazos, al tiempo que decía con un hilo de voz:

—Jorge, sufro mucho cuando pierdo. Sufro mucho cuando pierdo…

Guardé silencio. No sé decirles cuánto duró ese momento, pero lo viví como si se tratase de un encuentro con la eternidad. El Gran Maestro, que desde la distancia me había parecido frío como el hielo, se humanizó a mis ojos. Y tuve conciencia plena de que nos estábamos haciendo amigos. Ahora impera la paz pero, ¿se imaginan lo valioso que es hacer un amigo en tiempos de guerra?

A veces tengo mucho miedo de perder. Es muy duro—, continuó diciendo—. Cuando ganas o pierdes puede ser peor que hacer tablas: si ganas vuelves muy animado, pero cuando pierdes tienes muy malas sensaciones.

Pero no hay que perder la perspectiva—, matizó—. El resultado tiene solo una importancia relativa. Si juegas estando pendiente solo de ganar el punto en juego, no serás capaz de experimentar la auténtica felicidad de jugar al ajedrez.

Ser un artista implica aceptar que uno no siempre va a ser capaz de ejecutar su gran obra, pero es una condición humana que lleva implícita la singularidad de intentar aportar algo al mundo.

Sí, sí, estoy de acuerdo contigo, Jorge. Pero a veces, como ajedrecista profesional, siento que el nuestro es un juego muy difícil. Aunque mi fuerza y mi elo hayan crecido, pese a haber logrado un alto nivel y perder pocas partidas, las derrotas me afectan mucho.

¿Cuál es tu ajedrecista favorito de la historia?

He analizado muchas partidas jugadas por Kasparov. Él es el campeón más famoso en China. También conozco muchas partidas de Topalov. Cuando empecé a estudiar ajedrez seriamente, era el número uno del mundo.

Entonces, supongo que la famosa partida entre ambos con Kasparov sacrificando piezas.

¡Desde luego! ¡Amo esa partida! Chocamos las manos para celebrar la existencia de la pieza que compuso el Ogro de Bakú. Pero cuando se jugó esa partida, en el año 1999 para los occidentales, era muy joven, demasiado joven para seguirla bien.

La memoria del asiático se trasladó a la localidad holandesa de Hoogovens, cuyos altos hornos forjaron en la incandescencia la joya que compuso allí Kasparov. Aproveché para indagar.

¿Tienes entrenador?

Tengo un entrenador en común con los jugadores de la selección nacional china.

Pero no a alguien específico para ti…

Eso es. Nunca he tenido ese tipo de entrenador.

La poderosa selección de China está formada por ajedrecistas de estilos heterogéneos. ¿Supone eso un problema a la hora de trabajar con un entrenador para todos?

En China todo es diferente a otros países. En los países europeos la gente acostumbra a pagar dinero a segundos para que les asistan como entrenadores puntuales de aperturas, pero en China el entrenador te acompaña a los torneos y tú no le pagas, es el país el que le paga para ti. A veces te prepara líneas, pero no es lo más importante. Cocina para ti, te ayuda a relajarte, hace cosas no directamente relacionadas con el ajedrez que son muy útiles…

He tratado con algunos jugadores jóvenes cuya técnica es fantástica, pero desconocen a los clásicos. ¿Qué opinas al respecto?

Estoy convencido de que hay genios cuyas partidas les conviene estudiar si realmente quieren progresar. Todos necesitamos estudiar a los clásicos. De hecho, disfruto mucho viendo las bellas partidas de esos grandes jugadores.

En la élite mundial no abundan los jugadores con un estilo tan agresivo y espectacular como el tuyo.

Normalmente, mi estilo es más lógico que espectacular, pero desde luego que a veces realizo alguna partida bella y lo disfruto mucho.

¿Cómo es tu relación con tus compañeros de la élite del ajedrez? ¿Tienes buenos amigos entre ellos?

No tenemos una estricta amistad, pero sí buenas relaciones entre nosotros. No hablamos mucho, pues no saben chino y mi pobre inglés me dificulta la comunicación. Me gustaría añadir que, normalmente, los ajedrecistas conocemos el sentir de los compañeros.

Cuando finalmente dejes el ajedrez, y espero que sea dentro de mucho tiempo, ¿cuál crees que será tu legado?

Nunca me había enfrentado a esta pregunta…He batido bastantes récords en la historia del ajedrez chino. He llegado mucho más allá de lo que imaginaba cuando empecé a jugar. Así que no quiero darme más presión a mí mismo; quiero sentirme relajado. Trato de llegar más alto, pero es muy, muy, muy difícil. Entré en el top10 mundial y, a partir de esto, subir cada escalón más es muy difícil.

Entonces, apoyando su despejada frente en la mesa, como si la presión del mundo entero pesase sobre sus hombros, volvió a decir:

—¡Sufro mucho cuando pierdo!

Pero si la derrota te aflige tanto, ¿por qué no optas por un estilo de juego más conservador? Ganarías menos partidas, pero te evitarías sufrimiento.

Es que yo soy así…

Imagina que tienes ante ti a una niña que empieza a mover las piezas. ¿Qué consejo le darías?

Mi consejo es que, si va a jugar al ajedrez, lo haga por placer, que encuentre la belleza del ajedrez.

¿Te gusta leer?

¡Sí, me encanta!. Pero acostumbro a leer más en el teléfono móvil que sobre papel.

¿Qué tipo de obras son tus favoritas?

Me gusta mucho leer novelas.

¿Te gusta la música?

Sí, especialmente las baladas campestres.

Nos reímos mucho porque su respuesta en inglés me descolocó —“I like country music”— y puso los ojos como platos cuando me puse a tararear una conocida canción de Billy Ray Cyrus. Pero Liren se refería a la música china moderna de campiña, un género muy de moda en el país asiático.

¿Recuerdas, cuando eras niño y soñabas con ser ajedrecista, cuáles eran tus metas? Cuando tu profesor vio en ti a un futuro campeón.

Al principio no tenía grandes expectativas, pues debo decir que el ajedrez no es muy popular en China. Y había bastantes jugadores que lo hacían mucho mejor que yo, aunque las cosas han ido cambiando. Así que, cuando empecé a jugar, no esperaba mucho.

Cuando empezaste a tener buenos resultados, ¿fue una decisión difícil emprender la vía profesional?

No fue fácil, porque antes de eso jugaba torneos de ajedrez en las vacaciones de verano y en las vacaciones de invierno, mientras todavía estudiaba en el instituto. ¡Hasta 2009 jugaba los torneos muy relajado! Fue después, cuando gané el Campeonato de China, que me planteé ser profesional. Es una vida dura, que requiere dedicar muchas horas al ajedrez, pero estaba decidido a no dejarlo para hacer otra cosa. Aun así, fue una decisión que medité mucho, pues era arriesgada.

¿Cómo es un día normal de entrenamiento para ti? ¿Te levantas pronto?

No, no madrugo. Me levanto a las 9 o a las 10. Luego desayuno,

¿El típico desayuno chino?

Sí. Después, si es durante un torneo, estudio mi partida y lo que mis amigos hicieron el día anterior. Si no, simplemente estudio ajedrez. Así, hasta la hora de la comida.

¿Cuánto tiempo duran esas sesiones matinales de estudio?

Unas dos o tres horas, aunque depende un poco del día.

¿Tienes un calendario de trabajo? ¿Alguna rutina?

No, no, no…

¿Qué es lo que más disfrutas cuando juegas un torneo?

Desde luego, ganar las partidas. En segundo lugar, acabar la competición.

¿Y qué cosas, en términos generales, se podrían mejorar en los torneos?

La comida y las condiciones de estancia, sin duda.

¿Te refieres a que hay poca variedad de comida? ¿Es porque te gustaría que también hubiese comida china?

¡Estaría muy bien que hubiese comida china en los torneos! La verdad es que tengo que esforzarme para adaptarme a la comida extranjera.

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