CONOCIENDO AL MAGO DE RIGA (Sebastián arias)

Algunos jugadores forman parte de la historia del ajedrez, y solo unos pocos entran en la galería de personajes que forman parte de la historia de la humanidad.

Cuentan que, en un festejo taurino, Mikhail Tal, «Misha«, a pesar de los temores de sus compañeros, saltó a la arena para participar conjuntamente con los más atrevidos en torear un novillo. Unos instantes después el toro apareció enfrente de Tal. Los dos se quedaron parados, con las miradas clavadas el uno en el otro. Nadie pudo explicar después por qué el toro no atacó al «Mago de Riga», desviando su natural agresividad hacia otros «toreros».

Pal Benko quiso ocultar sus ojos detrás de unas gafas oscuras para no dejarse hipnotizar por la mirada «mágica» de Tal, y Fischer, en el Candidatos de 1959, en Yugoslavia, acabó perdiendo 4-0 contra él. Es curioso que en una posición ganada Fischer apuntó en su planilla la jugada correcta y la colocó de tal forma que «Misha» pudiese verla. La indiferencia de Tal era tan palpable que Bobby desconfió, borró la correcta jugada y finalmente hizo otra, lo que le costó la partida.

En solo tres años un jugador desconocido arrasó todas las barreras jerárquicas en el mundo del ajedrez, y en 1960, con apenas 23 años, se convirtió en el octavo campeón del mundo. Quizás sea comparable con lo que hizo Morphy en su momento, cuando llegó a Europa desde EEUU como un maestro desconocido y regresó a su país con el aura de un genio.

La aparición de Mikhail Tal y su proclamación como campeón del mundo provocó una revolución en el ajedrez y los medios de comunicación. Fue como una locura; todo el mundo quería parecerse a Tal, sobre todo los jóvenes querían jugar como él, sacrificar piezas, realizar combinaciones fantásticas, buscar el arte y la magia en el ajedrez. Querían ser como el «Mago de Riga«, porque le salía todo sin ningún esfuerzo aparente. Fue como un sueño, una época dulce y encantada. Aunque era una tarea imposible. Nadie podía jugar como él porque sencillamente ¡Tal era único!

La tempestad para Tal comenzó después de su derrota en la revancha contra Botvinnik en 1961. Botvinnik hizo una preparación muy profunda y descubrió las carencias en el juego de su rival y, lo que es más importante, pudo preparar toda una estrategia para la revancha. La base de su concepto era jugar aperturas con esqueletos de peones sólidas e inamovibles, para evitar la lucha cuerpo a cuerpo y apagar la inventiva de su rival. Aparte de eso, «Misha» no pudo movilizar todas sus fuerzas para la revancha, porque parecía que era el favorito de los dioses e iba a barrer otra vez a su viejo contrincante con facilidad. La amarga derrota de Tal dejó decepcionado a todo el mundo. Mucha gente empezó a reprocharle su irresponsabilidad y también quedaron claras sus carencias en el juego posicional.

Pero creo que su mayor problema no fue ni Botvinnik ni sus carencias posicionales sino su salud. Esa sí fue una gran dificultad que persiguió a Tal toda su existencia, hasta el punto de que muchas veces, para superar los dolores insufribles, tuvo que utilizar morfina. Varias intervenciones quirúrgicas en diferentes etapas de su vida casi le dejaron inválido, pero Tal tenía un espíritu indomable, luchó y ganó esa terrible batalla, manteniendo la entereza personal y su brillante juego durante toda su carrera.

La fantasía, el cálculo y el espíritu son tres pilares básicos de su éxito. Gracias a esas virtudes jugó muchas partidas inolvidables y se ganó los corazones de millones de aficionados de todo el mundo. A pesar de su cuerpo muy frágil, cuando jugaba al ajedrez parecía no tener miedo a los demonios. Quizás fuese porque estuvo varias veces casi al otro lado de la vida y perdió el miedo a la muerte, que consiguió obligar a trabajar a los demonios para él.

La visión táctica y un cálculo impresionante fueron sus puntos fuertes. Para aguzar su mente aún más, para despertarla, en vez de hacer algún ejercicio físico, cogía los boletines donde se reproducían partidas de los torneos femeninos y las miraba sin tablero, buscando los fallos tácticos que en abundancia cometían las mujeres.

Una vez confesó que a menudo su mente seguía con automatismo calculando variantes que no tenían ningún sentido práctico. Siempre le costó luchar contra los buenos calculadores. Por ejemplo, contra Korchnoi tuvo unos resultados desastrosos. Quizá fuese porque Viktor siempre fue un «prosaico» del ajedrez y cortaba las alas de la fantasía de «Misha» con «brutalidad», capturando algún peón por el camino o simplemente refutando las variantes de su rival. Pero en la segunda parte de su carrera también aprendió mucho. Mejoró su sensibilidad posicional, la técnica de la defensa, amplió su repertorio y perfeccionó su técnica en los finales, así que se convirtió en un jugador universal, aunque siempre destacó por sus combinaciones y golpes tácticos.

Nuestro héroe fue una persona brillante. Con un sentido del humor excepcional, sus respuestas siempre fueron llenas de lucidez y brillantez, acompañadas por una sonrisa. Cautivaba enseguida al público cuando empezaba a hablar, «a lo Tartakower», demostrando, además, grandes conocimientos en diferentes materias. Fue el auténtico favorito y héroe de millones de personas que ni siquiera tenían nada que ver con el ajedrez.

Sin duda alguna Mikhail Tal traspasó la frontera de un simple deporte y se convirtió en una personalidad célebre del siglo XX. A mi entender, su genio y éxitos solo son comparables con los de Morphy y Fischer.

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