BENT LARSEN, GENIO Y FIGURA

(Sebastián Arias)

Hacia 1967 la élite mundial estaba formada casi exclusivamente por jugadores soviéticos. Estaban los campeones mundiales Petrosian, Botvinnik, Tal y Smyslov, junto a cuatro o cinco jugadores más, como Spassky —pronto conquistaría la corona—, Keres, Geller, Korchnoi y Stein. Solo un jugador occidental estaba a esa altura y amenazaba la supremacía soviética. Y era precisamente Larsen. Desde luego Fischer también podría estar en este grupo, pero por aquel entonces llevaba varios años sin jugar, y después, en el Interzonal de Sousse, se retiró cuando iba destacado en primera posición, por lo que nadie podía estar seguro de la continuidad de la carrera del genio norteamericano. En cambio, Larsen había encadenado muchos triunfos en cuantos torneos había disputado ese año, por delante incluso de los ases soviéticos.

Jørgen Bent Larsen nació en la pequeña localidad danesa de Tilsted, Thisted, el 4 de marzo de 1935 y no fue un ajedrecista precoz, pues, aunque aprendió a jugar a los seis años, no entró en un club de ajedrez hasta los doce y solo consiguió ganar el campeonato de su país en 1954, ya con 19 años. Pero a partir de ahí su carrera fue meteórica.

Dos años más tarde ya era Gran Maestro, logrando la medalla de oro en la Olimpiada de Moscú, defendiendo el primer tablero danés con (+11=6-1).

En 1959 logró un buen resultado en el fuerte torneo de Zurich, quedando quinto detrás de Tal, Gligoric, Fischer y Keres. Por cierto, ese mismo año actuó como segundo de Fischer cuando el americano participó en el Torneo de Candidatos.

A lo largo de su carrera Larsen demostró ser un gran jugador de torneos, pero no tan efectivo en matches. En el Torneo de Candidatos al título mundial, que entonces se disputaba por el sistema de matches eliminatorios, nunca pasó de semifinales, aunque en las tres ocasiones en que caía eliminado en esa fase lo fue a manos de tres campeones mundiales o que iban a serlo. Perdió en 1965 ante Tal, aunque llegaron a la décima y última partida con el marcador igualado.

El periodo 1966-69 fue la época de sus grandes éxitos. Su tercer puesto en el fortísimo torneo de Santa Mónica 1966, tras Spassky y Fischer, demostró que estaba a la altura de los mejores. Allí causó sensación con sus dos victorias frente a Petrosian, campeón mundial vigente, una de ellas con sacrificio de dama incluido.

A finales de 1967 ganó consecutivamente cuatro torneos de primera magnitud: La Habana, Winipeg, el Interzonal en Sousse, donde Fischer se retiró cuando llevaba 7,5 puntos de 10, y por último el torneo de

Palma de Mallorca, algo así como el Linares de la época, delante de Botvinnik y Smyslov. Todo en cuatro meses, lo que motivó que el primer ‘Oscar del ajedrez’, premio que acababa de crearse por iniciativa de Jordi Puig, donde los periodistas de ajedrez votaban al mejor jugador del año, fuese para él sin discusión.

Aunque en 1968 fue nuevamente eliminado en las semifinales de Candidatos, por un Spassky en su mejor momento que al año siguiente arrebataría el título mundial a Petrosian, Larsen continuó su racha de éxitos. En todos los torneos que jugó desde septiembre de 1967 a mayo de 1969 obtuvo el triunfo o al menos el segundo lugar. Por ello, cuando se organizó en 1970 el llamado Match del Siglo, un encuentro a cuatro rondas entre un equipo de la URSS y una selección del resto del mundo, Larsen pidió ser él quien encabezase el equipo y no Fischer, como estaba inicialmente previsto. Ello le pareció justo incluso a Bobby, que se mostró de acuerdo.

En el Interzonal de Palma de Mallorca de 1970 Larsen quedó en segundo lugar, detrás de Fischer, pero ganando la partida que le enfrentó al norteamericano. Pero al año siguiente, en semifinales del Torneo de Candidatos, fue barrido por el propio Fischer por el escandaloso resultado de 6-0. Este fue un punto crítico en la carrera ajedrecística de Larsen, ya que el golpe moral que sufrió la confianza en sí mismo, uno de los aspectos más fuertes de su juego, fue tremendo y nunca se recuperó totalmente.

En los siguientes torneos se mostró muy irregular, como por ejemplo el Interzonal de Leningrado 1973, que comenzó de modo arrollador —6 de 7— pero luego, tras sufrir varias derrotas seguidas, quedó lejos de las plazas clasificatorias.

Larsen siguió siendo un fuerte ajedrecista, pero su época de triunfos había quedado atrás, como sus esperanzas de ser campeón mundial. Por un momento pareció que podría volver a ser el de antes, cuando ganó el siguiente Interzonal (Biel 1976), pero cayó en la primera eliminatoria de Candidatos ante Portisch (3,5 a 6,5).

Se ha definido a Larsen como un romántico del siglo XX. Efectivamente, era un jugador que buscaba la victoria sin reparar en riesgos y que en sus años jóvenes planteaba el Gambito de Rey en muchas de sus partidas. Pero ante todo era un ajedrecista muy creativo, que jugaba aperturas poco usuales con el fin de plantear problemas a sus rivales desde los primeros movimientos. Y ello no significaba desconocimiento de la teoría, que conocía muy profundamente, apoyado por una memoria extraordinaria.

Durante los años 70 vivió mucho tiempo en Las Palmas, donde todavía guardan muy buen recuerdo de su trato amable y capacidades didácticas. Años después se trasladó a Buenos Aires, de donde era su mujer. Allí consiguió su último gran éxito en el Torneo de Buenos Aires de 1980, que ganó delante de Timman, Ljubojevic, Karpov, Andersson y Najdorf entre otros. Y en la capital argentina fallecía el 9 de septiembre de 2010, víctima de un derrame cerebral, a los 75 años de edad.

Era un gran pedagogo. Solo escribió dos libros, uno pequeño sobre la Variante Abierta de la Apertura Española y una recopilación de sus mejores partidas.

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